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lunes, 25 de abril de 2011

Con un hacha


Con un hacha rompería tu esternón. Abriría tus costillas. Hundiría mis dedos en la pulpa jugosa de tu vida. Cálida y roja, como una papaya. Te comería lentamente. Pero primero, me bebería las lágrimas de tus ojos. Tus hermosos ojos.

Los dejaría secos, llanos, y todas las imágenes se estamparían en mi lengua. Tus hermosos ojos, de vidrios yertos, me verán ahí: de cuclillas junto a tu cuerpo, con mis dedos llenos de vos, mis manos sujetando tu carne, y mi boca llena de tu sangre. Yo quiero tragarte, yo te quiero en mí. Yo te quiero dentro, en mi cuerpo.

Por eso me comería tus pulmones, tu corazón, hasta tu hígado. Lamería tus dedos y tus manos. Cortaría en tiras los tendones de tus piernas. Me amarraría con ellos a tu lado. Hasta que tu carne ya no exista, hasta que tu cuerpo ya no sea. Para comerte, para absorberte, para oler inclusive tu última molécula. Para que nunca dejés de ser, sino que seás en mí. Para tenerte dentro.

Con un hacha yo iniciaría la más grande invención: tu cuerpo y el mío, uno solo, para siempre.

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